Llevo veinte años en el lado
de los eventos que nadie ve
Foros, jornadas, desayunos informativos y alguna gala.
Siempre con el móvil en una mano y la escaleta en la otra,
pendiente de que todo empiece a su hora.

Lo que aprendí
Aprendí el oficio en foros, jornadas y desayunos informativos: ponentes que llegan con el tiempo justo, autoridades, cámaras y salas llenas a primera hora. Una vez al año, además, una gala de premios. Ahí, si algo falla a la hora de empezar, no hay segunda toma.
También aprendí algo menos técnico. Que lo que la gente recuerda casi nunca está en la escaleta: la frase que se sale del guion, el ponente que se emociona, la conversación del café que acaba siendo lo mejor de la mañana.
Por qué ACTO
Un día me di cuenta de que esos instantes me importaban más que todo lo demás. Y de que ocurren, sobre todo, lejos de los focos: en una boda pequeña, en una cena de familia, en un salón donde alguien escucha por fin lo que significa para los suyos.
ACTO nace ahí. El mismo oficio y la misma exigencia, al servicio de las celebraciones que no salen en ninguna crónica.

Fuera del trabajo
Me gusta escuchar
Las historias de la gente, las de los barrios, las que se cuentan en voz baja en las sobremesas.
Por eso en cada celebración intento que quede algo que se pueda volver a escuchar: una carta, una grabación, unas palabras dichas a tiempo.
¿Me cuentas la tuya?
Empezamos por un café.
Lo demás lo vamos descubriendo juntos.
